Mirador Angostura: un espacio para los soñadores y creadores

Artistas del Orinoco

La autogestión describe a la Asociación de Artesanos del Municipio Autónomo Heres (Asoarmah)

PEDRO CASCANTE

En Ciudad Bolívar existe Asoarmah. De lunes a lunes sus miembros llegan a las 8 am hasta las 6 pm al Mirador Angostura (su sede provisional desde hace cuatro años) ubicado en el paseo Orinoco frente al río. Allí la fresca brisa mueve las telas rojas que cubren las mesas donde exhiben sus productos y el trinar de los pájaros regala paz a los turistas y habitantes de la ciudad que van a comprar o ver la artesanía.

Asoarmah inicio en 1996 con 23 miembros, hoy tiene 33 y agrupa 16 disciplinas. Sus objetivos es lograr un espacio donde vender las artesanías, mantener la identidad del guayanés, compartir conocimiento y otras técnicas entre los artesanos, organizar cuadrillas de recolección de semilla, clasificarlas, diseño y confección, llegar a acuerdos para venderlo al mismo precio o asequible, dictar talleres a la comunidad, entre otros. Es importante conocer quiénes son algunos de sus miembros:

Recuerdos del pasado

Tomas Ramón Álvarez, nació el 29 de diciembre de 1943, vivió en El Dorado, municipio Sifontes, estado Bolívar. Tiene 35 años residiendo en Ciudad Bolívar, capital del Estado. Tuvo dos hermanos por parte de mamá y uno de ellos cumplirá dos años de muerto, le queda una hermana. Su madre (era barcelonés) falleció hace 15 años y su padre (era upatense) diez. Es progenitor de nueve “muchachos” y abuelo de 20 nietos. “Yo estudie nada mas hasta sexto grado en el pueblito donde nací, El Dorado”. Vive con su esposa e hijos. Es pensionado. “Yo era operador de celda, trabajaba con aluminio en una empresa del Estado, Venalum”. Es artesano y Católico. Una frase que siempre usa: “Bendito sea mi Dios”. Ha expuesto sus piezas en el Fortín El Zamuro y Red de Arte.

“Hago embarcaciones, curiaras. Primero trazamos el dibujo luego lo vamos trabajando con estas pequeñas herramientas hechos por nosotros mismo, esta la hizo un amigo, esto yo le llamo una achuela para el centro de esto que es más incomodo para trabajarlo con el cuchillo. Entonces con esto uno le va dando su forma a la embarcación por dentro y como esta trazado por fuera con el cuchillo va raspando y el retoque con la lija y ahí ella queda más a menos tipo aquella embarcación”.

Conversador, amigable y conocedor de muchos objetos que forman o formaron parte de la cultura de los pueblos venezolanos elabora con sus manos a escala pequeña: curiaras, azafate, tinajón, tinajero, el trapiche o la julga, el pilón. También involucra otras figuras como: veleros, “mueblecito mecedora”, “muebles de placita” y ha elaborado maracas, copa, envases para colocar huevos y esquimales de coco. Durante el tiempo que trabajo en Venalum hizo muñecos de aluminio: un caballo, un perro y otros que todavía están en su casa.

Lo que hoy hace no lo aprendió de un maestro; sino porque observó como lo elaboraban. La curiosidad lo trajo hasta acá, además, no le abandonaron aquellas ideas que estaban en su cerebro desde hace mucho tiempo. “Yo pensaba que no podía hacerlo y sí se puede hacer lo que uno quiere”.

“Cuando yo estaba jovencito, tendría cinco o seis años, había un ebanista-carpintero que hacia embarcaciones en el patio de mi casa y a mí se me metió la idea que en el futuro yo también podría fabricar esas fulanas embarcaciones. Me puse hacer el trabajito ese y salió. Lo primero que comencé fue las embarcaciones, hace cuatro años”.

Su meta de hacer algo lo plantea así: “Tenía que ir al futuro hacer cualquier cosa antes de irme de este mundo. En este tiempo la gente muy poco conoce de este tipo de pieza. Entonces como es algo recordatorio del pasado que en este tiempo la gente muy poco lo toma en cuenta y nadie se ocupa de hacer esas cosas, eso fue lo que me motivo”.

Comentó que una vez le pidieron 400 piezas y no pudo hacerlas porque eran muchas y sus manos se cansarían. “Con equipos se puede trabajar para que la mercancía salga a otro estado, pero no tenemos quien nos ayude para un equipo necesario, una cortadora. Necesito una máquina pulidora pa’ pulir la madera pa’ pulí esto por dentro y por fuera. Darle un acabado que se vea más o menos. Veme las uñas ya no me queda porque tengo que meterle la lija y eso va comiendo la madera y la uña -ya no me queda-”.

Cree que se puede aprender tanto del maestro como de otras experiencias y asegura que sus obras desaparecerán cuando él muera porque ni sus hijos se han preocupados por aprender ese arte. “El que se me arrime tiene derecho aprender esto de mi. Enseñar a alguien que le quede esto de algo pa’ el futuro”.

Piensa en la unión entre los artesanos.

Los materiales que usa para fabricar las piezas los consigue en la zona porque “se pueden hacer tantas cosas con estos materiales que son de desecho (palito de helado) y cualquier madera (usa Pino)”. Asegura que solo se necesita el conocimiento, “la idea y poner la obra de mano” para hacer algo. Trabaja sus piezas en la casa o en el Mirador Angostura.

Recordó como elaboró la maraca de coco. Dijo que en el patio de su casa había mucho coco y un día cuando estaba sentado se pregunto: “¿y estos cocos qué hacen acá? la idea se me metió. Yo puedo hacer con estos cocos una maraca. Trabaje el coco le di la vuelta tan-pan-pa salió la maraca (el sonido de los capachos dentro la maraca) como sabia más o menos elaborarla con la tapara no me fue tan difícil preparar esto”.

Mencionó cuando visitaba la Feria de la Zapoara hoy del Orinoco (se realiza en el paseo Orinoco de Ciudad Bolívar en el mes de agosto todos los años) y ahí nunca vio las piezas que hace aunque sí encontró Pilones. “Entonces me ánimo que la gente muy poco lo ha visto. La gente dice: Muy bonita. Primera vez que ven este tipo de artesanía y preguntan: ¿quién los hace? ¿Cómo lo hace? Respondo: que yo soy quien hace eso. Lo hago porque me nace, me gusta y no me quejo de ello”.

“Para mí la muerte es: inimaginable y el sueño profundo. Siempre lo he dicho cuando me duerma es para siempre, el sueño eterno. Cuando me fui, me fui ya no más”.

Pensaba que volar a cualquier sitio podría ser cierto porque tuvo un tiempo soñando que volaba de aquí (Ciudad Bolívar) a Puerto Ordaz y decía: “Dios mío voy a tener que salir corriendo para ver si es verdad que uno vuela”.

Aseguró creer en Dios, pero ha tenido tres experiencias que involucran a Satanás. Cuando tenía siete u ocho años de edad frente a la casa donde él se encontraba se detuvo un sapo grande que echaba por la nariz fuego. Las mujeres rezaron. El sapo hizo “un gemido de ultratumba umm, que bárbaro”. Le pidieron a San Miguel Arcángel. El sapo creció y se convirtió en hombre “y no se desapareció por arte de magia; sino se fue caminando de lado de lado y desapareció en un horno de esos antiguos”.

Su llegada a la asociación de artesanos fue hace cuatro años, con algo de temor porque solicitaban artesano y no se consideraba así porque tenía todo guardado en su casa, y los llamaba “mis jugueticos”. Pero los sacó a la luz pública y le impresiona lo que está sucediendo ahora. Le gusta pertenecer al grupo porque siente el apoyo de sus compañeros cuando se encuentra realizando alguna pieza intercambian conocimiento. Siente que la gente valora su trabajo. “Aquí estamos chévere cambur”. “Esto era lo mío quizás si me hubiese puesto de joven fuera tremendo”.

“¿Por qué la juventud se pierde mi Dios? porque le da la santa ganas. Esto no cuesta nada. Si yo me ocupo de esto por qué una persona joven no se preocupa por desarrollar algo en el cerebro. Sí se puede hacer cosas, querer es poder”.

Quiere darse a conocer en todo el estado con esa artesanía y que el país se enteré de sus trabajos hechos con madera. “Yo vendí muchas piezas que salieron del estado para Valencia, Margarita y Maracaibo. Yo creo que esto cambie y de un vuelco maravilloso”.

Producto rentable de poco costo y su comercialización es efectivo

Un bachiller desertor de dos carreras universitarias: geología y estudios jurídicos, tiene cinco años trabajando diferentes materiales: semilla, cuero, fibra y hueso de res, tallado, teñido, pulido que se asemeja al marfil. Participa en todo el proceso de recolección tanto de las semillas como del hueso que va buscando en carnicería, restaurantes y otros lugares. Les presentó a Williams Embus, tiene 26 años de edad, nació en Caracas y reside en Ciudad Bolívar. Su papá es de Maracaibo, un militar retirado y su mamá de Soledad (municipio Independencia del estado Anzoátegui). “Leo libros sagrados. Actualmente estoy leyendo El Popol Vuh, tesoros preciosos de sabiduría hay ahí. Hace dos días atrás me regalaron El Corán. También filosofía, psicología, arte y religión”. Tiene un niño de 9 meses y una niña de tres años. Se considera bastante insistente cuando le gusta algo.

Se puede emplear el dicho: las apariencias engañan. Se preguntaran por qué le hago referencia a esto. Quien hoy trabaja como artesano tenía un estereotipo de esos artistas algo errado  porque los veía como sucio, con los cabellos “alborotado” y algunos colocan los productos en el suelo. Esto hacía que Embus le diera poco valor e importancia.

Elabora algunas de sus artesanías con hueso de res

Era comerciante de artesanía porque lo vio como un producto rentable “era de poco costo y su comercialización era efectiva”. Él viajaba mucho a comprar sus productos a Puerto La Cruz, pero se convirtió en artesano luego de aprender a realizar unas piezas que observó durante la feria de la Zapoara cuando tuvo que compartir con personas a quienes rechazaba.

“Si te soy sincero yo denigraba a los artesanos. Para los días de la feria vi unos collares y unas pulseras que tenían allí en su paño en el piso y le dije que me vendiera. Esa persona me dijo -bueno ven mañana, esto no te lo voy a vender-. Entonces al otro día fui y él me dijo que no lo tenía hecho. Me tuvo una semana diciéndome lo mismo -ven mañana-. Me dijo -chamo yo no te voy a vender nada si usted quiere se sienta aquí y aprende-. Ese fue el golpe de la conciencia yo le dije -mejor- me senté con lo que calificaba de despectivo entonces comencé aprender técnicas donde vi que era arte, arte-sano”.

Las piezas son originales porque les talla el Puente de Angostura, Fortín El Zamuro u otra imagen de Ciudad Bolívar. Esto lo hace cuando hay mayor visita de turistas quienes aprecian el trabajo y compran.

Todo es elaborado en la misma ciudad y en el lugar de trabajo, Mirador Angostura. La gente siempre le contacta para que le haga trabajos al mayor. “Yo le vendo al mayor a un peruano. Vende lo que yo hago aquí en el país”.

Algunas frases que usa: “Si la semilla no muere el grano no nace. Es mejor soñar despierto. Conócete a ti mismo. Comprendo que el conocimiento es como un fuego, siempre das, siempre tienes y nunca se extingue. Yo creo en el cambio individual, si un individuo cambia las masas también cambiarían”.

“A lo mejor yo soy la reencarnación de Da Vinci”

Investigador, tranquilo, amigo, humilde, busca la perfección, precavido, tiene la esperanza de conseguir lo que se desea, no le gusta las imposiciones, ni lo dictatorial; estas son algunas las palabras que pueden definir a un artista plástico y artesano nacido en Caracas aquel 8 de diciembre de 1948 a quienes sus padres llamaron, Gilberto González, conocido con el seudónimo de “GagoC”.

Sus inicios fueron en la escuela luego que su maestra de primer grado, Graciela González hiciera un concurso de dibujos para seleccionar a los alumnos que realizarían la cartelera y él junto a una niña de apellido Mediavilla ganaron. Luego a los 14 años “conocí de vista trato y comunicación al pintor Bárbaro Rivas, de Petare, estado Miranda”. Desde ahí le llamó la atención la pintura. Aprendió técnicas en el Bulevar de pintores de Chacaíto. Estudio en la Universidad de las Artes e hizo curso de artesanía en cerámica por tres meses en el Ince del estado Carabobo. Llegó a Ciudad Bolívar hace 30 años, “me comí la Zapoara y me quede aquí”.

Sus padres murieron. Tuvo cuatro hermanas y un varón que murió, era el segundo. Una hermana ganó un premio nacional de cuentos y la menor de ellas es dibujante y pintora. Es padre de cuatro hijos que dibujan y pintan igual que sus nietos. “Voy a dejar una herencia de pintores y dibujantes”.

“Leonardo Da Vinci y Miguel Ángel Buonarrotti son los dos artistas que para mí son lo máximo. Me hubiese gustado ser la reencarnación de Da Vinci”.

Ha participado en exposiciones colectivas, concursos en países como: Inglaterra y Portugal. Desde Italia le llegó una felicitación de un maestro artista que tiene una galería allá. En 2007 ganó el primer premio de arte sacro (Ciudad Bolívar), el 10 de mayo de 2010 cuando se celebra el día del Artista Plástico obtuvo la mención honorifica por su obra titulada, Viaje al infinito. También estuvo en la exposición pequeño formato internacional, capítulo Venezuela. Cuarto de mis juguetes, es una obra de arte abstracto de 15×10 que se encuentra preparando para enviarla a un concurso en Italia.

Dice que sus padres siempre le apoyaron aunque eran de recursos económicos escasos. Lo llevaron a una escuela de arte en Caracas, pero era muy caro y su padre ganaba 8 bolívares (no los actuales), pero no podían al igual que en la academia de los dibujos animados, Sancho. “Hice mi propio esfuerzo. Bueno yo mismo voy a pintar sin necesidad de maestro. Yo aprenderé viendo, aprenderé practicando y creare, soy un creador”. Antes pintaba arbolitos y paisajitos porque “no me había llegado la musa de lo abstracto”. Pintó en todos los formatos: tela, cartón, madera, lámina de hierro, troncos de árboles (retrato de la casa San Isidro), entre otros.

Aunque no ha donado ninguna obra artística, ni se la han pedido y menos ha realizado una exposición individual tiene una anécdota de un español que conoció en Ciudad Bolívar. “Me dijo -chico vi una obra en España y tenía tu firma, decía Caín- en aquella época yo firmaba Caín”. El comerciante le describió la pintura y él le dijo que sí la había pintado, pero desconocía cómo llego hasta ese país. La pintura era un paisaje con un árbol en el centro que era el eje principal, alrededor tenía montes y montañitas.

Entre sus planes tiene realizar una exposición individual con 30 obras hechas de la técnica que está creando en este momento y espera exponer en el museo de Bellas Artes en Caracas. Aunque destaca que no le ha llegado su momento.

Semilla de mango y concha de ostras

Como artesano elabora: collares y pulseras usando: papel periódico, semilla de mango, concha de la naranja, semilla de mamón, cascara de mango, parapara, semilla de aguacate (en pruebas), entre otros materiales. Ha tallado con almendra de mango. “A veces los acompaños de paisajes, flores o lo dejo al natural. Utilizo también lo CD viejos que no sirven. Los pinto. El artesano tiene que conocer y saber utilizar el reciclaje”. Elabora pesebre y pocillo usando arcilla.

GagoC trabaja en el mismo lugar donde vende y pintaba una pieza hecha con papel periódico

“No compramos mercancía para revender, trabajamos con nuestra propias manos, con nuestras propias herramientas, no tengo necesidad de comprar afuera para vender aquí, no tiene sentido yo ir a otro estado o país para yo hacer una artesanía que es autóctona”.

Durante la feria del Orinoco (también Zapoara) un turista de Maracaibo le encargó 15 collares de semilla de mango.

Es un investigador de religiones tiene algunos libros sagrados como La Biblia, La Toráh, El Corán, entre otros. “Estoy abrazando la cultura gnóstica, te enseña a ti a interpretar en realidad la palabra de Cristo. Toda mi vida he creído en Dios y en Cristo”.

Ve la muerte como un sueño. “Tengo la facultad de cortar el sueño y continuarlo el siguiente día y lo digo ahí mismo, en el sueño -voy a despertarme y este sueño continua mañana- y el día siguiente me acuesto con la idea quiero continuar el sueño de anoche y lo sigo. Todos los sueños finalizan, algunos tienen un feliz término otros no”.

Le gustaría una galería de arte pública y crear en cada municipio del estado Bolívar una escuela de arte. “Los cultores y los artesanos somos independientes. Sin arte no hay vida”.

GagoC usa CD para pintar

“Todo es arte”

Azabache, cuero, madera (limonero, cartan, pardillo, chaparro y samán), hueso, moriche, conchas marinas, rocas sedimentarias, semilla (algarrobo, lágrimas de San Pedro, peonia, corozo, curito, coroba, asaí, yagua, Josefina, Pascuala, parapara) y materiales reciclable, son usados por el promotor social, mención desarrollo comunitario y planificador de programas sociocomunitario, Adolfo Calzadilla (nació a las 1:30 pm el 28 de agosto de 1968 en el hospital universitario Ruiz y Páez, Ciudad Bolívar) para crear esculturas, llaveros, collares y pulseras.

Es un investigador, cumplidor de leyes, de carácter fuerte y perseverante. Siempre quiere ofrecer un producto exclusivo. Por eso, dice: “si sigo como artesano no puede ser repetitivo”. Trató de abandonar cuatro veces su trabajo como artesano, pero regreso de nuevo porque cree que tiene una misión por cumplir.

Le otorgaron mención honorifica en el primer salón venezolano de la talla de azabache por su obra: La orquídea, flor nacional. Ha sido cobrador, vigilante, mecánico, latonero, almacenista y docente. Sus padres aún viven. Cree que su habilidad la heredo de su abuela materna, indígena Kariña. Tuvo cinco hermanos y tiene dos hijos.

Sueña mucho con el campo. No profesa ninguna religión. Dijo que “arte se expresa en todas partes” y le gustaría una escuela de arte y oficio dirigida por Asoarmah. Él es representante de esa asociación.

Transformar, innovar, producir, crear, mejorar son cualidades de los miembros de Asoarmah. Ellos no reciben ayuda del gobierno nacional. Trasladarse a las ciudades donde son invitados para exponer sus productos no lo logran todos porque no poseen un transporte propio y siempre envían a una sola persona con artesanía de todos. Son ejemplos de lucha y de creer en una misma meta. Eso los ha mantenido durante todos estos años unidos para ofrecer productos de calidad.

Calzadilla escribiendo el nombre de una persona quien recibiría la curiara como regalo

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