Mis tuit de la 3 edición del concurso de microcuentos #C140 de @Banesco

30 mil personas y le sonrió al único desconocido que no respondió aquel gesto por no comprenderle.

Le dieron el código para encontrar el amor. Amor sin código. Código sin identificación.

Los minutos corrieron por la calle de la muerte para salvar en un segundo aquella hora fatal.

Falló la conexión y se desconectó sin decir: Te amo.

La tonina pensó en no volver al Orinoco, pero su corriente le llamaba con angustia.

Estaba frío como un hielo aquel cuerpo abandonado en la sala de emergencia. Una voz dijo: Murió.

Miedo al presente. Se preguntó: ¿Y el pasado? No hubo respuesta de su eco interior, mas del futuro, sí.

La fresca brisa se encontró con el cabello de la desolación y las hojas del árbol olvidado.

Sus piernas junto a sus pies corrieron hasta la meta del abrazo.

Rompió el candado, abrió la reja, tocó la puerta y la ventana. Nerviosa preguntó: ¿Quién es? Contestó: Yo, el ladrón.

Su mirada se hospedó en aquellas exuberantes cejas negras protectoras de ojos arcoíris. Nadie se movió ni habló.

 Tiene 21 meses orante sobre chapas de refrescos escribiendo cartas de amor con tinta de pasión.

Música. Se aprietan y al mismo ritmo se mueven. Bailan y sonríen.

No son caracteres; sino 8 horas y 15 minutos.

Duerme. Con el vaivén del chinchorro viaja a mundos irreales. En sus brazos se encuentra con Morfeo. Él no la recuerda.

Enfría, humedece, golpea, rebota y desaparece, la gota de lluvia.

El pintor de la vejez llegó y se quedó en tu cabello. Te dejó bella para la fiesta de la ancianidad.

En el jardín de los bellos recuerdos se plantó la flor amarilla que despertaba con tu voz. Hoy no lo hizo por qué.

Le apretó la mano, le beso y se marchó.

 Voy encerrado en esta caja y me confunden sus alabanzas. No sé si todavía vivo o tengo 27 horas muerto.

 -Aún recuerdo lo infiel que fui, soy y seré. Se divorció ayer, se casó hoy y pedirá su mano mañana.

Esperándote en la parada, Ilusión. –¿Cómo será? ¿Qué vamos hablar? No llegó el autobús ni se vieron. Despertó.

Él se creía juguete, pero nadie quería jugar.

Se asustaron y persignaron al ver pasar el furgón funerario. Venían por ellos.

-Trate de ocultarlo todo, pero ella logró adivinar lo que ocurrió aquella noche sangrienta. – ¿Por qué estoy muerta?

 Sobre la mesa hay: leche, queso telita, catalina, cachapa y carne de res, imaginaba el famélico durante su dormitar.

Le gustaba confundir a todos. Al ver su reflejo en el agua no sabía quién era.

El actor. Después de tres años le miró en aquella publicidad, pero él no.

–Son dominante cada beso que me dan tus labios con sabor a burla y hartan caricias sin ganas. –No te deseo

En aquellos álbumes del dolor Carmen no observó imágenes del amor y la pasión. Todo era desolación.

El niño malcriado agarró un juguete del mostrador. El vigilante asiático se lo quitó y activo su alarma, el llanto.

Cochino. Lanzó la botella al río luego de tomarse su líquido. Se fue llenando de agua y bajo al fondo suplicando perdón.

La bala era veloz. Arrodillado hizo la señal de la cruz. Su cuerpo estaba paralizado y ella moraba dentro.

 Derramó 721 lágrimas y las almacenó en 21 recipientes para bañarse de amor. Cada día usó 34,33 lágrimas.

Obesa y bella. Ojea revistas esperando al masajista. -Si fuera modelo estuviera en esos lugares usando cada vestido.

Lo dejaron dentro de aquel aparato. El sonido le hizo recordar sus tiempos de cosmonauta. Hoy juega con naves 3D.

-En silencio cumplirá su condena y no en la penitenciaría. –Solo escucharé tu risa en el silencio de la noche. – ¡Cállate!

Bahareque. Escondida detrás de su casa le gustaba merendar trozos de barro. El gato la observó. Se aterró y dejó de comer.

Arrodillado. –Buena tarde, me da dinero para comprar pan. –No tengo. Le sonrió y se fue.

Al morichal llegó un niño y oyó a un pez decir: –Que tarde tan aburrida. Lo atrapó. Narró cuentos y leyendas de #Venezuela.

El carnicero luego de despachar siguió con su mirada morbosa a la rubia. Ella se giró y le guiño. Él se saboreo.

 La luz roja del semáforo. Él la miró. Ella iba en otro carro y lo observó. Ya se había casado. Ambos se alegraron.

Sansón lanzaba las bolsas de basura hacia el Camión. -Debería ganarme las olimpiadas. No ganó. Pago el colegio de su hijo.

Movimiento de cabezas. -Sí, expresaron el tuqueque y la iguana. Se sacrificaron para darle vida a una moribunda dama.

-El odio será mi maquillaje. –El amor será el mío. -Me vestiré de traición. Yo de amistad. Llegaron a la fiesta de disfraz.

–Estoy cansada de usar las mismas sandalias. A veces pestañeaba. –No lo puedo hacer todo el tiempo. –No quiero ser inmóvil.

Serpiente de siete cabezas. – Pescadores de volver a matar otra tonina volveré y destruiré la ciudad. Hoy protegen al delfín.

-Solo quiero un beso. –Puedo darte 25 o 30 minutos de besos de mazapán. –Acepto.

Conquistador. Llegó a la ciudad para hallar el amor. Todo ha sido como escalar un palo encebado. Lo logró sin pagar la dote.

Laboraba en un supermercado embolsando. Con la propina, reunió y compró un celular. Una tarde le robaron su aparato.

La cama se hundía como si había alguien más. Le manoseó. Recibió salud, paz, confianza y libertad. Despertó sin espantarse.

Dentro del carro nadie hablaba. Se comunicaban solo con sus teléfonos celulares. Chocaron y se abrazaron. Ya no usan el móvil

Metió en la lavadora todas sus fantasías de la noche anterior. Se fue la luz. Tuvo que usar el manduco y sus manos.

Nació. Alegró a sus padres. Murió.

Competía para perder. –Perderé y ganaré. Era la mejor deportista en su disciplina.

-Compraré ese periódico. Le gustaba salir en sus páginas. Siempre aparecían sin nada de él por problemas con la tinta.

Todos esperaban sus aguinaldos. Las llamas del fuego cobraron antes. –No pagaremos.

Tremendo bochinche. –Ahí llegó el arrocero. -¡Hola! Mucho gusto. Nadie respondía. Comió y bailo hasta las 6 am. Se durmió.

-Mientras escribo esto para publicarlo muchos se burlan. Carcajadas. –Soy un escritor olvidado y sin seguidores.

Escribió un tuit para relatar su cuento y guardar su sabiduría. No fue retuiteado.

Se casaron. Nacieron tres niños. Él se enamoró de otra. Los abandonó. Ella llora su ausencia.

-Soy nutritiva. Me echan verduras y partes de animales. -¡Está sabrosa! –Cuando estoy buena no dejan. -¿Quieres más sopa?

Hermanos. Se fueron en el catanare a bañarse para el río. Con un envase uno mojaba al otro. Los mordieron las pirañas.

 Observó aquel título universitario guardado en el cajón. Se lo robo. Lo colgó en su oficina. Exige que lo llamen, licenciado.

El regalo. Abrió la bolsa y allí estaba, la gorra azul. Con ella caminaba por la sombra del amor viajando a su corazón.

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