Recuerdos del 6275 que no se fueron

Ciudad Bolívar, 20 de febrero de 2012

¡Hola!, escribo para contarte cómo me ha ido porque desde tu partida nada ha sido igual. Creo que eras el equilibrio de mi vida, te agradezco tu compañía, me haces mucha falta. Dejaste un lienzo en blanco que no terminamos de pintar. Quizás ya no me recuerdas porque te habrás enterado que he tenido otro haciéndome compañía, pero no se compara a ti. Yo sí te recuerdo y más cuando escucho, “Every teardrop is a waterfall”, de Coldplay.

Te convertí en mi mejor compañía y una de las mejores amistades del mundo, a tu lado pase momentos especiales. Eras como dicen por ahí mi mano derecha; aunque a veces eras como un diario donde escribía o grababa las voces de otros en cualquier hora del día y a ti no te importaba el tiempo.

Te escribía y te contaba muchas de mis ideas, pero se fueron contigo desde el mismo momento que aquel sábado 22 de octubre de 2011 a las 9 pm, nos separaron gracias a la violencia que se apoderó de Venezuela.

Recuerdo aquella oscura noche, donde la soledad se apoderó de la avenida Germania y pocas luces de vehículos particulares y taxis alumbraron mi rostro y el de él, aquel hombre delgado como una hiena, pero que usaba pantalones cortos y zapatos deportivos. Se acercó hacia nosotros para llevarte con él. Le pedí que no te llevara, pero su necesidad dibujada en sus ojos como odio lo cegaron y lo convirtieron sordo para no escuchar mis suplicas, me alejo de ti y mis ojos se llenaron de lágrimas que poco a poco inundaron mi cara.

La tristeza aún sigue presente. No sé si fue mi culpa o Dios lo tenía planificado así para separarnos  y reunirnos en otro momento de nuestras vidas, y demostrar que no debemos menospreciar o darle poco valor a las cosas por su apariencia, porque yo decía que nadie me quitaría de tu lado, eras mi “perolito”.

Nadie comprendió nuestra unión. Mi familia no le gusto cuando te tuve en mis manos y te toque con mis dedos por vez primera me decían que no valía la pena tenerte conmigo. Según ellos fui un derrochador por invertir aquella noche, bolívares 590 de la cuenta bancaria donde mi mamá me depositaba para los gastos en la universidad.

A veces ando por la calle y escuchó la canción que tocabas para mí cuando alguien quería comunicarse con nosotros y volteo a buscarte, pero no te encuentro. También cuando veo a otros con tus mismas características lo examino como un detective que busca una pista para resolver su caso, pero yo queriendo recuperarte.

Tú destino no lo sé…, por eso, espero que te estén tratando bien y no te hayan lanzado a la basura porque a veces fallabas. Tal vez para él esa pudo ser la mejor solución algo que yo jamás pensé para ti. Te cuidaba como a un hijo y así lo hice hasta el final.

Hay días en los que recuerdo a la hiena esa cuando me pregunto: ¿Por qué lo quieres? (haciendo referencia a ti) Y yo le dije que eras lo único que tenía. Siempre me acompañabas cuando iba a ver una película o comer un helado. Gracias por compartir conmigo esos cuatros años. No te olvidaré,  Nokia 6275.

Me despido, tu amigo Pedro. Esperando que tampoco me hayas olvidado y te aseguro que voy a recordarte siempre.

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s